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Poemas de Juan Carlos Cabrera Pons.

J.C. Cabrera es un poeta y traductor originario de Chiapas, su trabajo lo ha llevado a obtener el Premio Nacional de Poesía "Mérida" 2008, gracias a su poemario Cuatro piezas danesas, Minil Lamas su poesía es una  “ espléndida heteronimia y madurez lírica, poco común en un poeta joven, se nos presenta como un desdoblamiento del yo lírico, donde el eterno enfrentamiento de Eros y Thanatos vuelve a escenificarse.”

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IV

 

Detrás del velo riguroso de las cosas, en la orilla de mirada que se escapa de mis ojos o en el gesto de un pariente muy

lejano,

muerto siglos antes de mi muerte, la muerte me fue llamando. Aunque nunca la escuché de cierto, pues cada vez que entregaba mis oídos al pulso constante de su ruego, su rumor precario desaparecía como se pierde un sueño al recordarlo o como se escapa el instante al retenerlo. Y sin embargo estaba ahí llamándome, diciendo tu nombre para provocarme, y yo la

presentía

como se presiente el instante que prosigue. Fue por eso, por ese continuo impulso de silencio, que junté hombres y 

remos 

para darme al mar.

 

Detrás del velo riguroso

de la permanencia, la muerte me fue llamando, y yo la pretenden como pretenden a la oscuridad las cosas cuando apagamos la lámpara en la noche. Era la noche el comienzo de la muerte, era la noche y un lento y ondulante río, como si todos los instantes precedentes

 

en un continuo instante terminaran, abrió el roce de su falda

en la ciudad.

Y yo junté botellas y papeles por dejarme al húmedo discurso de su paso

como se dejan ir las sombras a la sombra o como se ocultan

las cosas un instante

tras el nombre que les corresponde. Fue por eso, por ese

riguroso y tácito silencio,

que junté hombres y remos para darme al mar.

Lontano hoy por l de una pr que habl s un navic

Detrás del velo

riguroso de la luz, estricta generosidad de lo visible, dilatado, diurno manto de la historia, ni distancia ni contacto, el agua,

nunca

igual a lo que ha sido, siempre

diferente de sí misma, me fue llamando hacia un recuerdo que confundo en la memoria. Esta condena me impone: no saciarán mi sed sus aguas cadenciosas, ni el retorno podrá satisfacerme.

Esta condena me place, pues no siguen a los peces las gaviotas, sino al barco que se los promete.

y reunidos

son ya mis hombres y mis naves para darme al mar.

 

IX

Un resplandor sutil y pertinente en el cristal la revelaba.

La luz en su ventana recogía los últimos vestigios de la tarde.

En un instante pleno, en uno solo, todos mis recuerdos escaldaron sobre la sombra luminosa de su piel.

Un deslumbramiento interrumpía el animoso vértigo de su cornisa. Confundida ella con la noche,

la última noche que la vi.

Me ofreció una copa y luego otra. Con su nocturna voz me convidó la vaga enunciación de nuestras manos, la grave libertad de los que bailan y el reconocimiento del danzón.

Abrió para mí las capas rigurosas que la separaban de la luz.

En compartida luz vaciamos sus botellas.

La tristeza, que es la puerta más amplia del alma. La tristeza , madre de la comunión, la soberbia humildad de la tristeza, el más justo remedio nos donaba.

 

Todas las cosas bellas -me dijo- a las que tenemos acceso guardan de manera ineludible algo profundamente ines

Más tarde comprendí que no menda.

 

No mentía. Ni la oscura claridad que resbalaba por su frente ni el lapidario silencio de sus manos, me engañaban

 

Un recuerdo común (el patio de una casa, dos ventanas

contiguas el espacio abierto entre dos muros, la carde recortada y silenciosa) nos desterró de sí. En un olvido pleno, en uno solo,

como en un repentino resplandor, nos cobijamos. "Pero tú nada sabes de la muerte. No te ha corrompido a ti la edad ni el elogio de la vida. Todo lo que vive

guarda por rigor dijo- algo profundamente muerto

No, tú  nada sabes de la vida, esa fragilidad de los sentidos

No hallarás línea alguna recta en el vasto volumen de la geometría de la noche". "No pisarás suelo

sino este". "Lo que en la tierra yerras me inculcaba-, en la tierra comprometes"

"No hay verso, por profundo, que no sane”.

 

Me tomó de la mano y dejó caer la copa ya vacía de su otra.

Me dijo que crecer era difícil . Me dijo que crecer era difícil la torpeza inexperta de mi mano la tomó bruscamente en la cintura. la experiencia sutil de su mirada me arrebato el albor de la memoria. Nuestros.

 

Pasos esquivaron las arrugas dilatadas en la alfombra de su sala. "En ellas duermen

-confesó- las coincidencias

que no supimos ver, los vagos y pueriles encuentros y reencuentros a los que no supimos dar su debido fragmento de importancia".

El Infierno está forjado con estos materiales.

La última noche que la vi, una tristeza roja, roja como el vino

que bebía, v aún más roja,

roja como el más oscuro negro de la noche, se insinuaba

quedamente en su vestido.

Hoy recuerdo mis manos imprecisas en sus exactos hombros.

Hasta mí regresan nuevamente

las arrugas cabales de su alfombra, la grave libertad de los que bailan y el reconocimiento del danzón.

Como al río entre sus dos orillas , nos dolía en dos cuerpos, misma herida.

Afuera se amargó la noche y comenzaba a escaldarse  la mañana .

Una cupa me ofreció y luego otra, su mano ya vacía me ofreció y un último danzón.

 

 

 

REFERENCIAS:

https://circulodepoesia.com/2022/06/poesia-mexicana-juan-carlos-cabrera-pons/

http://www.puntodepartida.unam.mx/index.php/270-punto-de-partida/no-0149/451-0149-trece-poetas-de-chiapas-juan-carlos-cabrera-pons